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20 de agosto de 2019

Entrevista para Fundación La Fuente

Puño y Letra: Félix Vega

Félix Vega es un dibujante destacado internacionalmente, por sus venas corre tinta y por su corazón historias tan fantásticas como encantadoras. Acaba de publicar en Chile su novela gráfica Duam (Planeta, 2019), un particular cruce entre mitología mapuche, animé y odiseas cósmicas. En una nueva entrega para Puño y Letra, el escritor Daniel Hidalgo conversó con él sobre la importancia que los libros han tenido en su formación y procesos creativos.
En la habitación, sobre la cama, un niño se prepara para dormir. Su padre lo abriga y le da las buenas noches. Sin embargo, el niño intuye que no conciliará el sueño en lo inmediato, así que le pide a su padre que le cuente alguna historia. El padre regresa y se sienta a su lado, le dice que le contará una maravillosa, una de marineros a la caza de un cachalote gigante e imbatible. Lo hace con una destreza narrativa tal que el niño queda de alguna manera marcado para siempre.
—¡Se le ocurrió contarme Moby Dick! –recordará entusiasmado, muchos años después, sentado a una mesa, mientras dibuja a su personaje Duam, en detalle, con lápices acuarelables, a modo de dedicatoria, en el libro que le tomó cuatro años desarrollar. Se llevará en eso el resto de la entrevista, a veces se pondrá de pie, para mirar en perspectiva, otras, tomará asiento y se fijará en remarcar los contornos.
—¿Y ese lápiz? ¿Qué es?—Es un pincel, que tiene este sistema que le va echando agua a lo que ya dibujé. Mi papá me enseñó la técnica de la acuarela, también.
El padre fue el mítico Óscar Vega, Oskar, quien carga en su historia haber sido el primer dibujante de Mampato. El niño se convirtió en Félix Vega, dibujante y autor de las espléndidas novelas gráficas de Juan Buscamares (1996), publicada por primera vez para el mercado chileno de forma íntegra bajo el sello Planeta Cómic, y de Duam, recientemente publicada en nuestro país, donde conjuga los mitos con la aventura de corte épico. Reconocido internacionalmente, sus obras han sido traducidas a más de siete idiomas y han sido editadas en Francia, Italia, Eslovenia, Japón y Estados Unidos.
¿De dónde viene Duam?—Duam etimológicamente es una palabra en mapudungun, sé que existe en otros idiomas como el árabe, pero en mapudungun tiene varios significados: una idea, un encargo y, según Oreste Plath, un asunto de vida o muerte, entre brujos. Al contrario de Juan Buscamares –que lo empecé a dibujar y a escribir en Chile y lo terminé en Barcelona–, Duam la empecé allá y la terminé acá. Ya había hecho otras cosas, trabajos con guionistas y otros propios, para España y Francia. Quería hacer algo de fantasía y, además, con una heroína que no fuese ni la cosificada, clásica del cómic hecho por hombres, ni tampoco la fálica, como podría ser Arya Stark (Game of Thrones), que lleva una espada, que cumple un rol históricamente masculino.
Mi pareja, Mónica Gutiérrez, me ayudó a meterme en el chamanismo, para entender el tema de la óptica femenina en las distintas culturas. Esto me llevó a la cultura mapuche, una cantera que en aquel entonces, salvo un par de casos, no estaba siendo aprovechada desde lo pop. Tras diez años viviendo en Barcelona, empezamos a aprender mapudungun con un diccionario.
«Duam». Créditos: La Tercera
Aparte del diccionario, ¿trabajaste con otros libros como influencia?—Con «El hombre de la rosa», de Manuel Rojas. Fue un cuento que leí en el colegio, recuerdo que me impresionó mucho y, estando en Europa –con toda la imaginería de la fantasía europea y japonesa–, encontré que estaba muy desaprovechado el tipo de fantasía que tiene Rojas. Sentí que había que hacer algo, me dio la pauta de ir a los brujos de Chiloé, a pesar de que el cuento ocurre en Osorno, uno deduce que es un brujo de la Recta Provincia. Por esos tiempos, en el colegio, leía también a Quiroga, sus cuentos de terror –que han sido adaptados al cómic por el maestro Alberto Breccia (Sherlock Time)–, y al Conde de Lautréamont. Quizá no se perciben mucho como influencia, pero me marcó ese imaginario, que es un protorrealismo mágico, enlazado con el surrealismo y otras cosas. Igual los cuentos de Cortázar, como «La noche boca arriba» o «Casa tomada», están más presentes en Juan Buscamares.
En Duam hay personajes que son muñecos que cobran vida, ¿hay por ahí una referencia a Pinocchio?—Sí, conscientemente del Pinocchio de Carlo Collodi, pero además, de forma más inconsciente, está el Frankenstein de Mary Shelley. Si te fijas, uno de los personajes en Duam, la machi, siendo mujer, conduce la resucitación a la manera de Collodi, pero Kalku, el brujo hombre, lo hace a la manera de Shelly. Es curioso porque salió invertido el rol de géneros.
¿Y cómo fue trabajar con la mitología mapuche?—Tenía mis aprehensiones de publicar este libro en Chile, que el desparpajo y la falta de rigurosidad antropológica para abordar la cultura mapuche fueran malentendidos, como un exceso de onderismo, pero no, por ejemplo, Pedro Cayuqueo comentó por ahí que le pareció muy bien, que encontraba que estaba hecho con mucho respeto al pueblo mapuche, y de hecho, es así.
Inconscientemente he tratado de hacer el viaje del héroe, pero caído, con falencias
Quizá una forma de hacer propia y de entender una idea del mundo que ha sido apartada de nuestra cultura, como la mapuche, sea indagando en ella a través de objetos artísticos como este.—Yo creo que sí, también celebro lo que hacen Guido “Kid” Salinas y Sebastián Castro, con Galvarino y Caupolicán, que toman la estética Marvel, tal cual, y la replican, no tanto en los mitos, sino en los próceres mapuche. Hay gente por ahí que decía pero cómo, qué falta de respeto, qué oportunismo, pero yo lo encuentro genial. Robar esa estética, que es lo más occidental que existe hoy en día, y trasplantarla al Wallmapu, da para mucho más.
Has trabajado con otras mitologías de pueblos originarios como la inca, aunque siempre desde una perspectiva más surrealista u onírica, ¿te consideras un sujeto místico?—Mira, yo soy una persona sumamente atea, no creo en nada. Por lo que me fascina cualquier mitología, de pronto hay gente que se me ha enojado, pero para mí la Biblia es como El Señor de los anillos. No tengo una formación mística, ni siquiera una iniciación chamánica con peyote, o sea, nada. He sido muy nerd en ese aspecto. Lo que sí he tenido es un trabajo con los sueños, intentando controlarlos. Por eso me gustan (David) Lynch y (Luis) Buñuel. Dibujo harto desde esta idea de los sueños. A veces, me dicen “ah, pero si lo que haces es como Star Wars”, obviamente, claro, pero Star Wars viene de (Carlos) Castaneda, si de ahí sacó George Lucas todo el lado chamánico.
En tu obra, además de los mitos locales, hay también influencias de fantasía y aventura occidental. Eres lector de esos géneros, me imagino.—Sí, de niño. Mi papá trabajó una adaptación ilustrada de Las tierras vírgenes (1894) de Rudyard Kipling para los últimos números de la revista Mampato y me pasó ese libro, recuerdo que me marcó mucho. Pero de niño, leía también a Manuel Rojas, más que Hijo de ladrón (1951), Lanchas en la bahía (1932), que no sé por qué no han hecho una película de ella. Igual leía a Ray Bradbury, la humanidad en cada uno de sus relatos es impresionante. Crónicas marcianas (1950) transita por el genocidio de los indígenas, porque los marcianos son los indígenas, eso me sorprendía. Borges también, lo que me gusta de él es el sentido del humor, elegante, fino. El libro de los seres imaginarios (1957) es una tomadura de pelo que me fascina y que es muy latinoamericano, además.
«Guardianes del Sur», de Guido “Kid” Salinas y Sebastián Castro. Créditos: applauss.com
¿Y ya más grande?—En la adolescencia, y a raíz de Cortázar, tuve mi período beatnik total, con Bukowski, William Burroughs, Jack Kerouac, pero ya en la Universidad tuve amigos actores y poetas, yo les prestaba cómics y ellos me prestaban lo que estaban leyendo. Así llegué a El barón rampante (1957) de Italo Calvino y a El nombre de la rosa (1990) de Umberto Eco, que es imprescindible releerla hoy en tiempos en que quieren prohibir hacer humor, esa novela explica muy bien por qué quieren prohibirlo. Me gustaba también Boris Vian (El lobo-hombre), pero a él llegué por Moebius. También Mark Twain, pero el más político, el de Cartas desde la tierraDiario de Eva y Diario de Adán. Pero fue Kurt Vonnegut el que me voló la cabeza.
Hablabas antes de Cortázar, ¿el fantástico o el cosmopolita?—Mira, después de haber leído todo Cortázar, para mí lo más extraordinario que escribió fue «El perseguidor». Me hizo entrar en el jazz, yo antes escuchaba rock progresivo, pero conocer el jazz me hizo perderle el gusto. Lo valoro y hay gente talentosísima en él, pero es un virtuosismo exhibicionista, en cambio en el jazz hay una simbiosis orgánica. Me interesa también la miseria que está debajo del jazz, que se ha explotado muy bien en algunos cómics como el trabajo que hicieron los argentinos Muñoz y Sampayo sobre Billie Holiday, que es impresionante.
Tanto Duam como Juan Buscamares, son protagonistas jóvenes, niños o adolescentes, con la necesidad de recorrer un mundo que los atormenta y les fascina al mismo tiempo, hay un gusto por el tema de la aventura, también, ¿no?—Claro, pero ahí tendría que irme a referentes de historieta, a H. G. Oesterheld (El Eternauta) y a Hugo Pratt (Corto Maltés). Juan Buscamares, por ejemplo, bebe de esas fuentes, particularmente de Mort Cinder (Oesterheld/Breccia) y de Corto Maltés. Ahora, estoy muy interesado en adaptar a Jack London al cómic, si el tiempo me lo permite, me interesa Antes de Adán, que además es un libro olvidado, desconocido, que tiene cosas de la neurociencia, a pesar de que lo escribió hace más de cien años.
En el caso de la figura de los niños, es porque inconscientemente he tratado de hacer el viaje del héroe, pero caído, con falencias. En Buscamares es evidente, es parte de un todo fallido, él es una hoja al viento, y en el caso de Duam, tiene una carencia emotiva que la lleva a ser impulsiva y a tomar sus malas decisiones, me gusta ese juego. Por eso tengo problemas con las historias de superhéroes, no me gustan estos seres tan buenos, enfrentando a seres tan malos. No me llama la atención ver la última película de Avengers, por ejemplo, que tiene una cosa ideológica, además. Prefiero X-Men, que tienen grises, cosas más humanas, más tensionadas. Por eso me gustó la última temporada de Games of Thrones.
Fue polémico el cierre de Games of Thrones.—Sí, pero ese capítulo en que destruyeron la ciudad, me encantó, vi algo de Vonnegut, de Matadero cinco (1969), en él. Me recordó El mapa del corazón humano (Vincent Ward), una película de los 90 donde salía Anne Parillaud, la primera Nikita, que era sobre un esquimal que lo enrolan en el ejército y le toca bombardear Dresde, se cae en el avión y queda él ahí, encerrado, bombardeado con el resto. Era una historia que empezaba en la infancia y terminaba en eso. Me fascinan esos héroes que seguimos desde sus primeros años y los vemos caer, con sus vidas humanas a cuestas, que este viaje del héroe sea humano. Es mucho más entretenida la superdebilidad (risas).
En tus obras no solo dibujas, sino que además las escribes, las coloreas y editas, son en este sentido de una autoría absoluta, por decirles de alguna forma, ¿qué tal esta idea de trabajar por ti mismo lo que normalmente se hace en equipo?—La gente me ve como una rara avis por ese tema, porque es un poco un suicidio económico, porque te demoras muchísimo, los plazos se alargan, los lectores envejecen esperándote, y uno también, pero es porque me nace la necesidad de contar historias. Desde chico dibujaba y escribía esas historias y me decían que después iba a pasar al cine, pero nunca quise hacer ese paso porque dependería de mucha gente. En cambio en estos cómics trabajo solo, no es tanto por el control, sino por la honestidad. Tengo algo que contar y sale de las tripas o de los sueños, no está impostado. Es la única manera que tengo de plasmarlas, no tengo ayudante, por ejemplo, aunque sí he trabajado con guionistas para otras historias.
¿Oye, y qué libro tienes ahora sobre tu velador?—Tengo Buenos presagios (1990), de Neil Gaiman con Terry Pratcher, una novela que ahora la hicieron como serie de televisión. Tiene ese humor tipo Monty Python o Kurt Vonnegut de poder reírse de cosas terribles como el horror o el racismo.
Félix Vega. Créditos: Ester Calderón

https://www.fundacionlafuente.cl/puno-y-letra-felix-vega/

Book trailer de la edición chilena de DUAM La Piedra de Luz


10 de junio de 2019

Cátedra en Homenaje a Roberto Bolaño, UDP: Félix Vega "Narrar con el color"

Junto al escritor Álvaro Bisama repasamos los procesos y secretos de mi trayectoria como autor de cómics.
Cátedra abierta en homenaje a Roberto Bolaño, Facultad de Letras y Comunicaciones de la Universidad Diego Portales.

16 de abril de 2019

DUAM La Piedra de Luz

Duam: La piedra de luz. 
Una historia épica en que la mitología y la magia del sur de Chile se desbordan en una fábula sobre la vida y la muerte...

22 de enero de 2018

Proceso de realización de portada para la edición integral ampliada de JUAN BUSCAMARES









El Apocalipsis según Félix Vega

“Juan Buscamares”: el Apocalipsis según Félix Vega

La carrera de Félix Vega parece inmejorable para un artista chileno moderno. Ha sido capaz de hacerse espacio en el competitivo mercado europeo con varias publicaciones, publicado historias cortas en Playboy y parece que sus ambiciones no tienen límite, pues sigue ideando historias completamente originales para Europa, tanto como autor completo como dibujante. Dentro de todos estos años de arduo trabajo, Félix Vega creó Juan Buscamares.
Juan Buscamares nació cuando Vega aún trabajaba aquí en Chile. Publicada por Javier Ferreras  para Visual Ediciones en 1996, el primer capítulo —titulado simplemente “El Agua”— sirve como semilla para una historia llena de referencias obligadas como la post-apocalíptica Mad Max o la ecologista Dune, pero conforme la historia avanza, estas referencias comienzan a diluirse y se asoman otras más profundas y ambiciosas.
La historia de Juan Buscamares se desarrolla a través de cuatro capítulos: al mencionado capitulo “El Agua”, luego le siguen “El Aire”“La Tierra” y “El Fuego”, y nos muestran una tierra baldía, un yermo agreste donde los mares se han secado y el agua es la moneda de cambio. Este es un ambiente sacado del Mad Max de George Miller, pero que el director australiano nunca pudo explotar tan visualmente como lo hace Vega, al menos hasta Mad Max: Fury Road (2015).
Aquí Vega demuestra su talento visual, muy influenciado por el detallista trazo de Katsuhiro Otomo —incluso las escenas más violentas derrochan un aire a Akira por todos lados— y sus personajes son una mezcla entre la deformidad deliberada de los primeros años de Moebius —antes de su etapa más simplista—, pasando por la belleza de los personajes femeninos muy a lo Milo Manara. Vega se vale de estos elementos para contrastar realidades y motivos de forma clara. Aleluya, la acompañante inesperada en las aventuras de Juan Buscamares, es una mujer hermosa que ha sido obligada a prostituirse por agua. Su belleza se contrapone con lo desolado y agreste del desierto, con sus barcos abandonados y corroídos por el óxido y sus habitantes sucios y malolientes.
Para acrecentar la sensación de desolación, Vega utiliza viñetas alargadas para presentar su páramo, muy en la tradición de las películas de 70 mm, dándonos una sensación de que el desierto es interminable, justo como lo hacía David Lean en Lawrence of Arabia (1962), Juan Buscamares tiene momentos ‘Super Panavision 70’ tal como la epopeya en el desierto de Lean. El uso del color en estos pasajes de la historia son hermosos —Óskar Vega, padre del autor, ayuda en dos capítulos de la historia— mostrando degradados que se pierden en el horizonte y corrosión que carcome todo y a todos en este nuevo desierto.
Fotograma de Lawrence of Arabia de David Lean
En lo que respecta a la historia en sí, Juan Buscamares nos muestra a este personaje atravesando tierra inhóspita gracias a un vehículo imposible. Aquí es donde rescata a Aleluya del desierto y se enfrenta a un grupo de fanáticos militares. En este punto se refleja los pensamientos de Vega frente a la naturaleza humana. Lo más cercano a una civilización son grupos de fanáticos, ya sea militares o religiosos, y donde cada uno se impulsa a vivir el Apocalipsis gracias a sus creencias. Más adelante, el autor nacional introduce un grupo más reducido de marginados que creen en el carácter mesiánico del Buscamares y parecen ser una inquietante comunidad que vive en la paranoia ecológica.
Vega usa motivos religiosos durante toda la obra. Buscamares es ajeno a su historia pasada hasta que alguien le revela que es el mesías que traerá los mares de vuelta. Los sueños del protagonista parecen confirmar esto y la presencia de Aleluya —María Magdalena y Virgen María, todo en uno— a quien Juan confunde con un ángel son las referencias más claras a la influencia religiosa que Vega inyecta en su crónica. Pero también el autor no satura su creación con un solo elemento; en vez de eso, dosifica e impregna referencias como El Principito de Antoine de Saint-Exupéry —a quien Vega pone derechamente en sus viñetas— o la mencionada Akira y sus personajes telepáticos. Lo más interesante a mi gusto es la incorporación de la mitología Inca tanto en el prólogo como en el capítulo final. Esto puede resultar en un arma de doble filo para Juan Buscamares, porque transforma el final de la obra en un enorme deux es machina que puede que a más de alguno quite interés. A mí en lo personal me ha gustado el remate final, a pesar de dejar más preguntas respecto al mundo alrededor de Juan Buscamares.
La contraposición entre el submarino y la agreste tierra
Quizás los diálogos puedan ser el punto más bajo de la obra, pues no se sienten tan naturales como deberían ser. Pero el hecho es que los personajes no están en una situación natural y me da la impresión de que Félix Vega trata de insuflar cierto aire de western en los primeros capítulos de la historia. Conforme avanza su historia, Vega empieza a mostrarse más sólido en los diálogos, pero deja de lado uno de los elementos que más me ha gustado de los primeros capítulos: las viñetas silenciosas, las pausas necesarias para que el lector medite sobre los hechos. No es lago que arruine la historia, simplemente me hubiera gustado un poco más de cohesión a medida que avanza cada capítulo. De todas formas, no arruina para nada lo que el historietista chileno trata de mostrar conforme avanza en sus intensiones.
Hasta ahora, los chilenos solo hemos podido disfrutar de Juan Buscamares a través de sus ediciones españolas. Vega colabora con el sello Planeta Cómic para darnos en el mercado un integral lo más completo posible a un precio de lo más accesible. El tomo recopila toda la historia, incluye un prólogo exclusivo, portadas y numerosas ilustraciones previas que Vega realizó como planeación y diseño de la obra. Son alrededor de 200 páginas, sumando la buena calidad del papel y su tamaño mayor en tapa dura, termina dándonos la edición más completa de Juan Buscamares. El único ‘pero’ que le pondría sería la fuente usada para rotular los diálogos, emasiado digital para lo orgánico que es el arte de Vega. Es un ‘pero’ menor de todas formas, no obstante es bueno señalarlo.
Juan Buscamares se posiciona como un clásico de la historieta chilena. Félix Vega llena su historia de referencias claras, pero nunca dejando de lado sus raíces latinoamericanas, dándonos una obra que puede ser leída con claridad en cualquier parte del mundo. La universalidad del relato se complementa con el potente arte de Vega —además de la colaboración de su padre— dejando al autor nacionalidad muy bien catalogado como artesano de valor internacional. El fácil alcance del tomo editado por Planeta Cómic convierte en un crimen el no adquirir la obra de Vega. A buscar esa ballena, jóvenes.


https://www.cuartomundo.cl/2017/10/05/juan-buscamares-1996-el-apocalipsis-segun-felix-vega/

JUAN BUSCAMARES en NERDIX


El integral de Juan Buscamares, editado hace muy poquito por Planeta Comic, no es sino la culminación de un largo camino, que comienza con la primera publicación de esta serie de 4 números entre los años 1997-2003. Buscamares es considerada una de las historias clave del cómic nacional (aunque no haya sido editada en Chile sino hasta ahora), y es avalada también por grandes autores como Francisco Ortega (Salisbury, Mocha Dick), y Baradit (Historia secreta de Chile), recordándonos además que su autor Felix Vega, es uno de los grandes herederos de la primera escuela de la historieta nacional. Hijo de la pintora Ana María Encina y el historietista Oscar Vega (Oskar), co-creador de Mampato, este autor lleva el comic en su historia familiar, y pudimos compartir con él sus impresiones, vivencias y claro, eso que hace de Juan Buscamares uno de los grandes lanzamientos del 2017.

De la ilustración científica a Moebius

Antes de caer en el cliché, lo cierto es que los inicios de Felix en el Comic no guardan una relación directa con su padre, sino que llegó a este mundo por otra vía:
“A los 14 años tomé una revista “Fierro” -donde años después tuve la suerte de dibujar la portada del último número. El #29 en 1992 -y ahí veo una historia de Moebius que se llamaba “Balada”. Era una historia corta, de 6-8 páginas, que comenzaba con uno de estos típicos personajes de Moebius, que va sobre un dinosaurio leyendo el libro “Iluminaciones” de Arthur Rimbaud y citándolo en medio de la selva. Cuando leí esa historia -que acaba de una forma impresionantemente brutal y que te descoloca, yo decidí hacer esto. 
Yo quería ser dibujante científico de enciclopedias. De hecho la ilustración de portada de Juan Buscamares es prácticamente una ilustración científica. Quería estudiar paleontología, astronomía, y estaban todos muy felices, sobretodo mi abuelo, que era médico. Había visto también a mi padre y sus colegas, que pasaban por una época muy dura, a pesar de que ellos venían de la escuela de oro, así que yo no veía tan entretenido ser dibujante de historietas. Pero vi esa historia de Moebius y me voló de tal manera la cabeza que dije: voy a dedicarme a hacer historietas, porque quiero llegar a esto. Así que llegué aquí por culpa de Moebius, no por culpa de mi papá, que sin embargo que me ayudó mucho. De hecho mi padre, que era un gran acuarelista, coloreó el primer tomo de Juan Buscamares, gran parte del segundo y un poco del tercero.” 

Herencia Europea y la representación en imágenes 

Acerca de sus influencias a la hora de dibujar, Felix es bien claro al referenciar a quienes lo inspiraron, ya que Juan Buscamares se desmarca del estilo al que estamos acostumbrados tanto en formato, narrativa y dibujo.
“Las primeras historietas que leí fueron en la revista Mampato, donde además venían muchas historietas europeas, como Tin-Tin, Asterix, Bernard Prince y un montón de títulos que eran de la escuela Franco-Belga. Y yo, como otros de mi generación como Gonzalo Martínez o Martín Cáceres, tuvimos esa puerta a la historieta. Después comenzaron a llegar los superhéroes, pero en lo personal nunca me marcaron de la misma manera. Bernard Prince era como una película, los personajes estaban sudados y si había fuego se sentía el calor. Eran como reales. Uno busca en Spiderman y ahí había otros atractivos, como el traje, la perspectiva, y también otros colores. El color es clave en mi estilo, el color de estos comics que yo vi en Mampato fue determinante, antiguamente el color de Marvel y DC era muy plano.”
Otra de las cosas más llamativas de Buscamares es el referente europeo directo que recae en la figura del principito (que a Felix le llamó la atención desde la adaptación cinematográfica del 74, donde aparece Gene Wilder haciendo de zorro), comenta que “Buscamares en su especie de locomotora imposible con oruga, perdido en el lecho del mar seco, en el fondo está en una situación muy parecida a la del aviador en el principito. Entonces yo me imagino que si tu estás en el desierto, perdido, sin agua, esperas a este principito que en vez de corderos dibujaba ballenas.
También tiene que ver con esa frase tan famosa del principito de “lo esencial es invisible a los ojos”, que tiene que ver con toda una filosofía de la representación en imágenes. Yo no interpreto desde la postal cliché, sino que lo veo por cómo tú representas con imágenes, muestras una imagen para contar otra cosa. Después te explican el por qué del principito, que además es el único libro que aparece dentro de todo este mundo de Juan Buscamares.”

Las mujeres de Vega 

Sin duda uno de mis detalles favoritos del dibujo de Felix Vega son sus mujeres, las que él mismo describe como las “que no van al gimnasio”. Imnensas aún en la viñeta más pequeña, logra en su muy particular estilo reflejar belleza genuina con proporciones normales, trazos cuidados y líneas muy respetuosas.
“Georges Bess, el dibujante de El Lama Blanco, me dijo “me gusta cómo dibujas las mujeres, aprovecha eso” y al mes siguiente estaba en Barcelona, con Enrique Abuli, estaban buscando alguien que dibujara mujeres guapas, porque Altuna (Horacio) no daba abasto para el Playboy de España. Y ahí estuvimos con Abuli ocho años haciendo comics para Playboy.”
En el caso de Juan Buscamares, los personajes de Aleluya, Mara y finalmente la guía de Juan, resultan en imágenes que se roban las miradas.
“Cuando era más joven, estaba obsesionado con las ballenas, estaba pelando el cable con el Moby Dick de John Huston, entonces las ballenas estaban siempre, y después me rayé con los dinosaurios -tanto así que gané un concurso en Sábado Gigante de conocimiento sobre los dinosaurios. Entonces pasé de las ballenas, los dinosaurios, los tiburones y todo eso y a los 13-14 años descubro las mujeres y empiezo a dibujar y dibujar mujeres. Yo creo que tenía que ver con las hormonas…”   
Pero las mujeres y su inmensidad no son lo único que caracteriza el dibujo de Vega, sino también la manera en la que hace uso del espacio, los colores y el uso de la onomatopeya sólo como última ratio.
“Uno trata de narrar, de hacer economía de dialogos y terminar narrando con el dibujo y es más, terminar narrando con el color. Que el color sea narrativo. Mis historias siempre son al aire libre porque la idea es que el clima sea un personaje más.”
En términos prácticos, esta edición integral de Juan Buscamares, ampliada y corregida, con material extra, es una nueva joyita de las ediciones nacionales. Publicada por Editorial Planeta, ya se encuentra disponible en librerías y comiquerías. No se pierda la oportunidad de tener esta edición que además de maravillosa, encierra la primera publicación chilena en el extranjero y un registro visual poderoso de la pluma de uno de los hijos de la generación de oro del comic nacional.

http://www.nerdix.cl/conversamos-con-felix-vega-sobre-juan-buscamares/

JUAN BUSCAMARES por Francisco Ortega



Juan Buscamares, la gran epopeya chilena del siglo 21Este legendario cómic está completo y editado en una versión exclusiva para Chile, con material inédito y páginas extras. Puede leerse como el regreso a la patria de un embajador que por veinte años nos llenó de glorias. Es más que un cómic, es un capítulo exquisito y original de la literatura chilena de los últimos años.

En mitad de un desierto, un hombre vestido con un abrigo largo observa los huesos de una ballena jorobada. Giramos la primera página y… «Overhead the albatros, hangs motionless upon the air…», la letra de la primera estrofa de Echoes, esa monumental suite cósmica de 24 minutos que completa la cara B del disco Meddle de Pink Floyd. Dos páginas más adelante el relato nos lleva a 1954, durante el descubrimiento de la momia del niño del Plomo, en el cerro del mismo nombre, frente a Santiago de Chile… Elipsis a varios siglos al futuro.
La Tierra, nuestro planeta, se ha secado. No hay mares, ni ríos, ni lagos. Un submarino enterrado en la arena dispara contra un camión blindado tripulado por un hombre que se hace llamar Juan… El camión escapa y en su huida recoge a Aleluya, una hermosa mujer que vende su cuerpo a cambio de un poco de agua.

Estamos en la página 15 de las 216 de la edición integral de Juan Buscamares, el cómic chileno más importante desde Mampato y que tras triunfar en el extranjero es al fin publicado en Chile a través de una lujosa y cuidada edición del sello Planeta Cómic de Editorial Planeta. Era justo y necesario, también relevante. Un hito, igual o mayor a la publicación de todo Metabarones de Jodorowsky, el año pasado por Penguin Random House.

Aparecida en cuatro volúmenes entre 1996 y 2003, Juan Buscamares es una saga postapocalíptica escrita y dibujada por el chileno Félix Vega, que mezcla mitos latinoamericanos y pesadillas ecológicas en una aventura tan épica como violenta que toma y desarma el arquetipo del fin del mundo en la línea de Mad Max, conduciéndolo hacia un apocalipsis antropológico y mítico en reemplazo del lugar común de la guerra nuclear.
A finales del '96, tras ser publicada –sólo su primera parte- en una edición en blanco y negro, por revista Bandido, Juan Buscamares dio el salto a lo grande. Autor y obra se mudaron a España, vino el color, las acuarelas y la edición en España, Francia, Italia, el resto de Europa y el mercado norteamericano a través de las páginas de la influyente revista Heavy Metal, la publicación más importante del comic independiente a nivel mundial. Juan Buscamares, una historia profundamente chilena era conocida en el resto del mundo, acaparaba reseñas elogiosas y premios, pero acá nadie la conocía.
O al menos nadie fuera del circuito de los lectores de cómic. Y de cómic de autor y europeo, que es un nicho aun más reducido que el de los seguidores del manga japonés o los superhéroes. Juan Buscamares era un mito, una suerte de leyenda urbana de la historieta nacional, un golazo del noveno arte que sabíamos existía pero no teníamos en nuestras manos, salvo aquella primera parte aparecida en Bandido y un par de álbumes recopilatorios que llegaban a librerías especializadas por la casa española Norma Comics.
Y mientras eso pasaba, en Francia se publicaba un integral en tapas duras con toda la saga, a la par que Félix Vega daba inicio a una nueva epopeya, Vinland, su personal acercamiento al descubrimiento de América por parte de los Vikingos, con iguales reseñas y flores de parte de la crítica especializada.

Hijo de Oscar «Oskar» Vega, uno de los tres creadores de Mampato (junto a Themo Lobos y Eduardo Armstrong), Félix Vega es parte de la delantera de la llamada «roja del cómic chileno» que tiene a varios artista locales destacando en mercados tan exigentes y grandes como el Europeo, Asiático y Norteamericano. Profesionales como Gabriel Rodríguez (Locke & Key) y Nelson Daniel (Juez Dreed) que han puesto a la historieta chilena en los pináculos más altos de la disciplina.
Pero si hoy ellos brillan y ganan premios, es en parte por el camino pavimentado por Félix y su tetralogía de Juan Buscamares que a fines de los noventa llevó a su autor al viejo continente, lo convirtió en dibujante estable de la edición hispana de Playboy y permitió que su catálogo, con publicaciones de su completa autoría, fueran adquiridos por editoriales de la industria franco-belga, sin que acá en Chile se supiera de su existencia y sus logros; que en su disciplina convierten a Vega en un artista y un referente al nivel de Raúl Ruiz o Roberto Bolaño.
Hoy finalmente se hace justicia con el autor y su obra, Juan Buscamares está completo y editado en una versión exclusiva para Chile, con material inédito y páginas extras. Puede leerse como el regreso a la patria de un embajador que por veinte años nos llenó de glorias.
Juan Buscamares es más que un cómic, es un capítulo exquisito y original de la literatura chilena de los últimos años, una pieza clave en el fantástico nacional y una gran saga/epopeya que el cine y la TV chilena debieran atender. En una época en que el cómic y la ciencia ficción dominan la taquilla mundial, Juan Buscamares constituye con ventaja la gran épica chilena del siglo 21, una maravilla dibujada y pintada que descubrir más que una necesidad, es una obligación.

http://www.carashombre.cl/ocio/1137/Juan-Buscamares-la-gran-epopeya-chilena-del-siglo-21

20 de enero de 2018

Exposición de originales de JUAN BUSCAMARES en PLOP! Galería















Exposición Juan Buscamares de Félix Vega.
En PLOP! Galería Merced 349, local 7. Metro Bellas Artes. Santiago de Chile.
Del 13 de enero al 4 de marzo. Lunes a domingo de 11:00 a 20:00. Viernes y sábado hasta las 20:30 h.
Entrada gratuita.